- El nuevo cuadro Ejecutar de Windows 11 adopta Fluent Design, soporte de modo oscuro y mejora sus tiempos de apertura gracias a WinUI 3 y .NET AOT.
- Forma parte del proyecto interno K2, orientado a reducir la latencia, optimizar la carga del sistema y mejorar la experiencia diaria sin añadir ruido.
- Microsoft prueba una función experimental que impulsa temporalmente la CPU para abrir apps, menús y elementos del sistema hasta un 40-70% más rápido.
- Junto a estos cambios, la compañía promete menos intrusividad, más control sobre Windows Update y anima a migrar desde Windows 10 con mejoras en seguridad y despliegue.
Windows 11 está viviendo una pequeña gran revolución silenciosa. Más allá de Copilot, de los widgets o de las últimas funciones de inteligencia artificial, Microsoft ha decidido meter mano a esas piezas del sistema que muchos daban por olvidadas. Una de las más simbólicas es el cuadro de diálogo Ejecutar (Win + R), que llevaba décadas prácticamente congelado en el tiempo y que ahora se renueva con un diseño moderno, soporte para modo oscuro y una mejora real de rendimiento.
Pero el nuevo Ejecutar no llega solo. Forma parte de un conjunto de cambios más amplios agrupados en el proyecto interno conocido como Windows K2, un plan para hacer Windows 11 más rápido, ligero y menos intrusivo. A esto se suma otra iniciativa clave: una función experimental que aumenta puntualmente la frecuencia de la CPU para reducir la latencia al abrir aplicaciones, menús y elementos del sistema. Todo ello se acompaña de ajustes en Windows Update, la barra de tareas, los widgets y la forma en la que se integra Copilot, junto con recomendaciones de Microsoft para dar el salto desde Windows 10 y exprimir al máximo el rendimiento del equipo.
Un clásico que se pone al día: así es el nuevo cuadro Ejecutar de Windows 11

El cuadro Ejecutar lleva más de 30 años acompañando a los usuarios de Windows, desde los tiempos de Windows 95. Aunque para muchos pasa desapercibido, es una herramienta esencial para administradores, desarrolladores y usuarios avanzados (por ejemplo, para usar scripts de PowerShell útiles): sirve para abrir rutas de carpetas, iniciar aplicaciones, lanzar comandos o acceder a utilidades del sistema con solo teclear una orden.
Hasta ahora, sin embargo, el diseño del cuadro Ejecutar parecía anclado en el pasado. No encajaba del todo con la estética de Windows 11 y seguía arrastrando una interfaz heredada, sin integración real con Fluent Design ni modo oscuro. Microsoft ha decidido corregir esa incoherencia visual y, de paso, aprovechar para trabajar a fondo en el rendimiento.
El nuevo cuadro de diálogo Ejecutar se ha reconstruido desde cero utilizando C#, WinUI 3 y compilación .NET AOT. Esta combinación permite lograr tiempos de carga muy cercanos a los de una aplicación nativa pura, pero manteniendo las ventajas de desarrollo moderno de C#. El resultado es una experiencia que no solo se ve mejor, sino que responde más rápido.
Según los datos compartidos por el equipo de Windows Terminal y PowerToys, el cuadro clásico tardaba de media unos 103 milisegundos en aparecer tras pulsar Win + R, mientras que la nueva versión baja ese tiempo a 94 milisegundos. La diferencia puede parecer pequeña sobre el papel, pero hablamos de una interfaz pensada para sentirse instantánea; cualquier pequeña mejora se nota cuando se usa decenas de veces al día.
Lo interesante es que las optimizaciones que han conseguido para Ejecutar no se quedan solo ahí. Al refinar la carga de interfaces WinUI 3, estas mejoras se pueden reutilizar en otras partes del sistema operativo. Es decir, este rediseño sirve como banco de pruebas para una Windows 11 más ágil en general, y abre la puerta a que más diálogos e interfaces antiguas den el salto a un WinUI 3 más optimizado.
Fluent Design, modo oscuro y herencia de PowerToys: un Ejecutar moderno sin complicarse

Uno de los objetivos principales del equipo de Windows ha sido modernizar Ejecutar sin convertirlo en un monstruo recargado. No querían repetir errores de otras funciones que han ido acumulando capas de complejidad con el tiempo. La idea ha sido conservar su esencia minimalista, pero adaptada a los estándares visuales actuales de Windows 11.
El nuevo diálogo adopta por completo el lenguaje de Fluent Design, con líneas más limpias, esquinas redondeadas y efectos sutiles que lo integran de forma natural con el resto de la interfaz. Uno de los cambios más celebrados es la incorporación de soporte nativo para modo oscuro, algo que muchos usuarios llevaban años reclamando y que, a estas alturas, se daba casi por obligatorio.
Además de los cambios estéticos, el nuevo Ejecutar incorpora iconos en la lista de resultados, lo que ayuda a identificar más rápido aplicaciones, rutas o comandos habituales sin convertir la herramienta en un buscador generalista. El enfoque se mantiene: es un lanzador rápido, no un sustituto del buscador del menú Inicio.
Hay una conexión curiosa con el ecosistema de herramientas avanzadas de Microsoft: parte del código del nuevo Ejecutar proviene de la Command Palette de PowerToys, evolución del conocido PowerToys Run. Durante años, los usuarios más avanzados han probado ideas experimentales en PowerToys; ahora, muchas de esas mejoras empiezan a filtrarse al propio sistema operativo, en una especie de “traducción oficial” de lo que funcionaba bien en ese entorno.
En cuanto a funcionalidades, una de las novedades más llamativas es que ahora puedes escribir ~\ para saltar directamente al directorio de usuario, como en muchos entornos de línea de comandos. Desde ahí, puedes seguir navegando por carpetas de forma rápida, lo que agiliza bastante el acceso a rutas frecuentes sin depender del Explorador de archivos.
Decisiones basadas en datos: adiós al botón Examinar y foco en lo que se usa
Para definir qué se mantenía y qué no, Microsoft ha tirado de datos reales de uso a gran escala. En una muestra de 35 millones de usuarios, el botón “Examinar” del cuadro Ejecutar apenas se utilizaba: solo un 0,0038% de las personas lo pulsó alguna vez. Con semejante estadística, la decisión estaba clara.
El nuevo Ejecutar prescinde por completo de ese botón, apostando por un diseño más limpio y centrado en lo que realmente aporta valor. El objetivo es que la herramienta siga siendo ultrarrápida y sin distracciones, en lugar de convertirse en una nueva ventana llena de opciones irrelevantes para la mayoría.
Este enfoque encaja con la filosofía más amplia del proyecto K2: reducir ruido, eliminar elementos prescindibles y optimizar lo que sí se usa de verdad. En lugar de inundar el sistema con funciones llamativas pero poco prácticas, se está priorizando pulir la experiencia básica, desde cuadros de diálogo hasta menús contextuales.
Otro detalle importante es la relación del nuevo Ejecutar con Copilot. Por ahora, Microsoft ha confirmado que el cuadro Ejecutar no integra Copilot ni funciones de IA, y muchos usuarios cruzan los dedos para que siga siendo así. En un momento en el que buena parte de las quejas hacia Windows 11 tienen que ver con la presión de la IA en todas partes, mantener Ejecutar como una herramienta directa y sin adornos se percibe casi como un alivio.
En cuanto a disponibilidad, el nuevo cuadro de diálogo está llegando primero a las compilaciones Windows Insider del Canal Experimental (por ejemplo, builds como la 26300.8346 o la 26534 en diferentes fases). No aparece activado de serie: hay que ir a Configuración > Sistema > Avanzado y habilitar la nueva experiencia desde la opción relacionada con el cuadro Ejecutar o “Modern Run”, según la build.
Función experimental de latencia y proyecto K2: Windows 11 acelera de verdad
Más allá del cuadro Ejecutar, Microsoft está probando otra mejora clave de rendimiento en Windows 11: una función experimental pensada para reducir la latencia en tareas cotidianas. La idea es sencilla en concepto, pero potente en la práctica: durante periodos muy breves, de entre 1 y 3 segundos, el sistema aumenta la frecuencia de la CPU al máximo para acelerar acciones concretas.
Este comportamiento recuerda a los modos PL2 y PL4 de los procesadores Intel, que gestionan picos de energía y frecuencia a través de la BIOS. En Windows 11, la lógica es parecida, pero controlada desde el propio sistema: se exprime el procesador durante unos instantes para que abrir aplicaciones, desplegar el menú Inicio o mostrar menús contextuales resulte mucho más rápido, sin mantener ese esfuerzo de forma sostenida.
Según las pruebas internas a las que ha tenido acceso Windows Central, los resultados son bastante llamativos. Con esta función activa, aplicaciones nativas como Microsoft Edge u Outlook se abren hasta un 40% más rápido. El menú Inicio y los menús contextuales del sistema responden alrededor de un 70% más rápido, y también se observan mejoras notables al lanzar aplicaciones de terceros que no forman parte del núcleo de Windows.
La gran duda, lógicamente, es el impacto en batería y temperatura, sobre todo en portátiles. Sobre el papel, al tratarse de impulsos muy cortos, el efecto sería mínimo: el sistema sube revoluciones unos segundos y luego vuelve a un estado más contenido. En el uso real, habrá que ver cómo se comporta según el hardware y el patrón de uso de cada usuario.
Esta función forma parte del ya mencionado proyecto K2, la iniciativa interna con la que Microsoft quiere “quitarle las muletas” a Windows 11. K2 tiene varios frentes abiertos: reducir la carga general del sistema, optimizar las funciones de IA para que no sean un lastre, mejorar el rendimiento en videojuegos y, en general, recuperar la sensación de agilidad que muchos echan de menos desde versiones anteriores de Windows.
Windows 11 se pone a dieta: menos ruido, menos IA invasiva y más control
En paralelo a estos cambios concretos, Microsoft ha anunciado una tanda de ajustes que afectan a la experiencia general de Windows 11. La idea de fondo es clara: hacer el sistema más ligero, menos molesto y más predecible en el día a día, especialmente ahora que la base de usuarios ha crecido y Windows 11 ha superado en cuota de mercado a Windows 10.
Uno de los puntos donde más se va a notar es en Windows Update. Las futuras versiones del sistema permitirán tener un mayor control sobre cuándo y cómo se instalan las actualizaciones. Será más fácil aplazar instalaciones, evitar que un apagado o reinicio se conviertan en “rehenes” de una actualización pendiente y reducir al mínimo los reinicios automáticos y avisos intrusivos. El objetivo es que actualizar deje de sentirse como una trampa diaria.
También hay cambios en la interfaz clásica de Windows. Muchos usuarios llevaban tiempo pidiendo poder mover la barra de tareas a otras posiciones (no solo abajo), y Microsoft está trabajando para que esto vuelva a ser posible y además se pueda ajustar su tamaño con más flexibilidad. El menú Inicio, por su parte, ganará controles más claros para personalizar recomendaciones o incluso desactivarlas, dando más control sobre qué aparece y qué no.
Respecto a la inteligencia artificial, el giro es curioso. Tras un impulso muy agresivo de Copilot y funciones de IA casi por todas partes, Microsoft ha decidido pisar el freno. Se van a recortar accesos innecesarios a Copilot en aplicaciones como Recortes, Fotos, Widgets o Bloc de notas, evitando que la IA se perciba como un pegote más que como una ayuda real.
Este cambio de rumbo tiene sentido si se mira el contexto: Windows 11 ha recibido muchas críticas por introducir características de IA de dudosa utilidad mientras descuidaba el rendimiento y la estabilidad básica. Centrar esfuerzos en acelerar el sistema, reducir el consumo de recursos y molestar menos al usuario es justo lo que buena parte de la comunidad venía pidiendo desde hace tiempo.
Microsoft aprieta con el salto desde Windows 10 y presume de rendimiento
Con la fecha de fin de soporte de Windows 10 marcada para el 14 de octubre de 2025, Microsoft está intensificando su campaña para empujar a empresas y particulares hacia Windows 11. En sus documentos recientes, la compañía insiste en que los equipos que se queden en Windows 10 dejarán de recibir actualizaciones de seguridad y de funciones, aumentando la exposición a vulnerabilidades y complicando la gestión en entornos corporativos.
En ese contexto, Microsoft no solo anima a actualizar el sistema, sino también a renovar el hardware con dispositivos modernos, como los Surface Copilot+. Según sus cifras, los flujos de trabajo en equipos nuevos con Windows 11 pueden ejecutarse de media hasta un 50% más rápido que en dispositivos antiguos, especialmente en tareas como creación de contenido, revisión de documentos o análisis de datos. También aconsejan, cuando proceda, formatear tu PC para dejarlo en condiciones óptimas al migrar a una nueva versión.
En materia de seguridad, la compañía destaca que las organizaciones que usan Surface y otros dispositivos con Windows 11 Pro han visto una reducción de alrededor del 62% en los incidentes de seguridad. Funciones como el arranque seguro (Secure Boot) contribuyen a disminuir hasta tres veces la incidencia de ataques dirigidos al firmware, un vector cada vez más habitual, y recomiendan saber cómo eliminar malware persistente en casos de infección grave.
También se habla de la vertiente operativa: según Microsoft, la velocidad de despliegue de nuevos equipos con Windows 11 ha aumentado en torno a un 25% frente a generaciones anteriores. Entre las razones se citan las actualizaciones automatizadas, controles más granulares sobre aplicaciones y datos, y opciones específicas para gestionar la configuración de IA en entornos corporativos, lo que facilita implementar políticas coherentes.
Este discurso va muy alineado con los cambios de rendimiento y estabilidad que se están introduciendo en Windows 11. La idea que se quiere transmitir es que no se trata solo de “un Windows con IA”, sino de una plataforma más rápida, segura y preparada para escenarios de trabajo híbrido, donde parte de la carga se apoya en la nube pero el equipo local sigue siendo clave.
Consejos y ajustes de Windows 11 para rascar aún más rendimiento
Más allá de lo que hace Microsoft a nivel de sistema, los propios usuarios pueden exprimir Windows 11 con una serie de ajustes y buenas prácticas, por ejemplo optimizar tu PC a fondo, que ayudan a mejorar la fluidez, sobre todo en equipos que ya tienen unos años o que andan justos de recursos.
Un primer paso sencillo pero efectivo es mantener todo el sistema actualizado. Desde la sección Windows Update de la Configuración, conviene comprobar si hay parches pendientes, incluyendo drivers dentro de las opciones avanzadas y el apartado de actualizaciones opcionales. Además, es buena idea revisar la tienda de aplicaciones para actualizar el software instalado desde allí, y en el caso de programas descargados fuera de la tienda, usar sus propios mecanismos de actualización.
Otra medida básica es desinstalar programas que ya no se usan. Desde Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas puedes ir eliminando aquello que solo ocupa espacio. Si alguna aplicación no aparece ahí, siempre queda el clásico Panel de control > Desinstalar un programa para completar la limpieza. Cuanto menos bloatware y menos herramientas innecesarias, más despejado quedará el sistema.
También es clave revisar qué se carga al arrancar Windows. Desde el Administrador de tareas (Ctrl + Alt + Supr), en la pestaña de aplicaciones de inicio, puedes ver el impacto de cada programa en el arranque del sistema y deshabilitar aquellos que no necesitas que estén activos desde el minuto uno. Reducir el número de elementos de inicio suele tener un efecto directo en el tiempo que tarda el escritorio en estar realmente operativo.
Por último, merece la pena controlar las aplicaciones en segundo plano. En Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas, puedes acceder a las opciones avanzadas de cada app y denegar el permiso para ejecutarse en segundo plano cuando no es esencial. Hay que hacerlo con criterio (no es buena idea bloquear apps de mensajería o servicios críticos), pero sí se puede recortar bastante consumo innecesario en apps poco importantes.
Pequeños ajustes visuales y de energía que suman fluidez
En el apartado gráfico, Windows 11 incluye efectos visuales y animaciones que hacen la experiencia más agradable, pero también consumen recursos. Si el equipo va justo o buscas el máximo rendimiento, puedes entrar en Configuración > Accesibilidad y desactivar distintos efectos visuales para que las ventanas y menús se muestren de forma más directa, sin transiciones. El sistema se verá algo más “seco”, pero a cambio reaccionará con mayor inmediatez.
Otro truco menos conocido es ajustar las opciones avanzadas de rendimiento desde las Propiedades del sistema. En Configuración > Sistema > Información, puedes abrir la Configuración avanzada del sistema y, en la sección Rendimiento, seleccionar “Ajustar para obtener el mejor rendimiento”. Esto elimina buena parte de los adornos visuales a nivel profundo, lo que puede arañar algunos fotogramas por segundo en juegos y hacer que las ventanas se muevan con más soltura.
En portátiles, el plan de energía también influye. Desde el Panel de control > Hardware y sonido > Opciones de energía puedes pasar de un plan equilibrado a uno de máximo rendimiento, asumiendo que la batería se descargará más deprisa. Es una decisión que depende del contexto: enchufado a la corriente, suele compensar; en movilidad, quizá interese mantener el equilibrio.
Incluso detalles aparentemente menores, como el fondo de pantalla, pueden sumar algo. Evitar fondos animados o carruseles de imágenes y optar por un color sólido o una imagen simple reduce ligeramente la carga gráfica, algo que en equipos muy limitados puede ayudar a que todo vaya un poco más suelto.
Por último, conviene revisar los elementos de la barra de tareas. Desde Configuración > Personalización > Barra de tareas puedes desactivar componentes como el botón de búsqueda independiente, widgets o el icono de chat si no los utilizas. Son funciones útiles para algunos, pero si no aportan nada en tu flujo de trabajo, es mejor deshacerse de ellas para liberar algo de memoria y evitar procesos extra en segundo plano.
Todo este conjunto de cambios —el nuevo cuadro Ejecutar más rápido y coherente, la función de reducción de latencia basada en picos de CPU, las optimizaciones del proyecto K2, el freno a la IA invasiva, el mayor control sobre actualizaciones y barra de tareas, junto con los ajustes manuales de rendimiento— dibuja un Windows 11 que se toma en serio la agilidad y la estabilidad. Lejos de centrarse solo en grandes titulares, Microsoft está empezando a pulir las pequeñas piezas que usamos a diario, y si sigue por este camino, muchos usuarios que habían perdido la paciencia con el sistema pueden volver a mirarlo con algo más de confianza.
Tabla de Contenidos
- Un clásico que se pone al día: así es el nuevo cuadro Ejecutar de Windows 11
- Fluent Design, modo oscuro y herencia de PowerToys: un Ejecutar moderno sin complicarse
- Decisiones basadas en datos: adiós al botón Examinar y foco en lo que se usa
- Función experimental de latencia y proyecto K2: Windows 11 acelera de verdad
- Windows 11 se pone a dieta: menos ruido, menos IA invasiva y más control
- Microsoft aprieta con el salto desde Windows 10 y presume de rendimiento
- Consejos y ajustes de Windows 11 para rascar aún más rendimiento
- Pequeños ajustes visuales y de energía que suman fluidez
