- El malware puede usar tecnología OCR para leer datos confidenciales y claves de criptomonedas guardadas en imágenes.
- Las capturas de pantalla son fácilmente falsificables con IA, por lo que no deben usarse como prueba única de pagos.
- Tachar información con color negro no es seguro, siendo preferible el uso de emojis o el recorte de la imagen.
Hacer un pantallazo es algo que hacemos casi por instinto. Ya sea para guardar la dirección de un restaurante que nos han recomendado, registrar un número de cuenta o dejar constancia de una charla divertida por WhatsApp, las capturas de pantalla se han vuelto una herramienta indispensable en nuestro día a día con el móvil o la tablet. Lo hacemos sin pensar, convencidos de que es una acción inocua que no conlleva ningún peligro.
Sin embargo, este hábito tan extendido esconde trampas que podrían costarnos cara. Aunque la acción de capturar la pantalla no sea peligrosa por sí misma, el verdadero problema reside en la naturaleza de la información que guardamos y, sobre todo, en cómo gestionamos esos archivos en la galería. Existe una falsa sensación de seguridad que nos hace olvidar que nuestros datos sensibles están expuestos a amenazas invisibles, similar a lo que ocurre en diversas filtraciones de datos y privacidad.
El peligro oculto: Malware y el robo de datos

No todas las aplicaciones que descargamos son lo que parecen. Recientemente se ha detectado el software malicioso conocido como SparkKitty, un troyano que ha logrado infiltrarse incluso en tiendas oficiales como Google Play y la App Store, camuflándose como versiones falsas de aplicaciones populares como TikTok. Este tipo de malware no busca divertirnos, sino que solicita permisos de acceso a la galería para escanear todas nuestras imágenes.
Lo más alarmante es que estas herramientas utilizan una tecnología llamada Reconocimiento Óptico de Caracteres (OCR). Esto significa que el programa no solo «ve» la foto, sino que lee el texto que hay en ella. El objetivo principal suelen ser las frases semilla o claves de recuperación de billeteras de criptomonedas. Guardar estas claves en una captura es, básicamente, dejar la llave de la caja fuerte puesta en la cerradura para que cualquiera que infecte el móvil pueda entrar, evidenciando la importancia de una correcta gestión de las claves criptográficas.
Otro ejemplo claro fue la app SOEX, que prometía funciones de mensajería y trading de criptos. Tras alcanzar miles de descargas, se descubrió que su función real era rastrear la galería en busca de patrones textuales asociados a claves de seguridad, comprometiendo la identidad digital y los activos financieros de los usuarios sin que estos se dieran cuenta hasta que era demasiado tarde.
El riesgo de las capturas manipuladas y el fraude

El peligro no solo viene de los virus, sino también de la capacidad de engaño. Hoy en día, gracias a la inteligencia artificial y herramientas de edición avanzadas, falsificar un justificante bancario o una conversación de chat es pan comido. Ya no hace falta ser un experto en informática para crear una imagen que parezca real.
Este escenario ha dado pie a estafas comunes en plataformas de compraventa de segunda mano, donde los delincuentes envían capturas de transferencias falsas para engañar al vendedor y que este entregue el producto sin haber recibido el dinero. También se utilizan imágenes manipuladas para simular grandes beneficios en inversiones fraudulentas o para inventar pruebas en reclamaciones administrativas. Por ello, los expertos sugieren que una captura debe servir solo como orientación complementaria y nunca como prueba única; siempre hay que cotejar la información directamente en la fuente oficial o seguir una guía de ciberseguridad financiera.
Errores comunes al intentar ocultar información

Muchos de nosotros cometemos el error de tachar datos sensibles con el pincel negro del editor de fotos antes de enviar una imagen. Pues bien, esto es un error garrafal. Si la persona que recibe la foto juega un poco con la exposición, el brillo o el contraste en un editor, es muy probable que la información que creíamos borrada se vuelva a leer perfectamente.
Para evitar este descuido, lo más recomendable es recortar la imagen eliminando la parte sensible. Si no es posible, la mejor alternativa es tapar los datos utilizando stickers o emojis, que crean una capa opaca real sobre los píxeles, haciendo que sea prácticamente imposible recuperar la información oculta mediante edición.
Cómo blindar nuestra privacidad digital

Para no acabar en el radar de los ciberdelincuentes, es fundamental cambiar algunos hábitos. Lo ideal sería no hacer capturas de contraseñas ni datos bancarios, aunque sabemos que a veces es difícil. En su lugar, es preferible utilizar gestores de contraseñas cifrados o almacenes seguros integrados en el sistema operativo que requieran autenticación biométrica.
- Revisar los permisos de las aplicaciones instaladas periódicamente, cuestionando por qué una app sencilla necesita acceso a la galería.
- Desconfiar de aplicaciones que soliciten accesos inusuales o que provengan de fuentes con mala reputación.
- Utilizar el almacenamiento seguro del teléfono para mover las fotos que contengan datos valiosos fuera de la galería general.
Tener un control estricto sobre lo que almacenamos en imágenes y ser escépticos ante los justificantes que recibimos es la única forma de evitar que un simple pantallazo se convierta en la puerta de entrada para el robo de nuestra identidad o nuestro dinero.
